La pelota rodaba sobre el adoquín de la calle 5 de Mayo en el barrio de San Miguelito, a principios de la década de los setenta era posible jugar futbol, eran pocos los autos que pasaban; y José Miramontes Zapata se esfumaba para irse a su clase vespertina de piano en su casa, en este vecindario convivían también otras familias, los Alanís, Domínguez, Aguiñaga, Araiza, Díaz, Cabrera, Padrón y González (sí, los del monopolio de la masa y la tortilla); a la vuelta por Miguel Barragán, el joven abogado Fidel Briano tenía su despacho y Chayito Oyarzun el suyo; del otro lado, sobre Pascual M. Hernández, estaba la casa de Alfonso Lastras, eran los tiempos de Berta “La Loca” y “Chon Loco”, de guadalupanos contra comunistas, era la guerra fría. 

Enzo Traverso en su libro Melancolía de izquierda nos dice que la exploración de las derrotas de la izquierda es una forma de resistencia, no hay tristeza, es una manera crítica de recordar, aprender de los fracasos y traumas de la izquierda, esta melancolía busca inspirar nuevas formas de acción política como lo hizo Miramontes al defender la Sierra de San Miguelito; y en el plano artístico, dio continuidad a esa estirpe de músicos potosinos de los siglos XIX y XX como los hermanos Zavala, Flavio F. Carlos, Julián Carrillo, Francisco de P. Huerta y otros, descanse en paz.

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